Un poco de culturilla:
El sufijo -ia significa en las lenguas greco-latinas" tierra de". (El -land sajón). Así: Grecia, Italia, Galia, Britania, Lusitania, Hispania, Alemania etc. y nunca debe acentuarse.
La Rae reconoce Rumanía, por la costumbre consagrada y porque los rumanos la pronuncian así.
Parecido argumento el de Turkía.
Naturalmente se soluciona el problema con el consabido "la excepción que confirma la regla".
Nombres de países, (Rae)
Regla: Los nombres propios de continentes, países, ciudades y localidades se escriben con mayúscula inicial: América, Europa, El Salvador, Buenos Aires, Morón de la Frontera.
Si un topónimo incluye como parte constitutiva de su nombre un artículo antepuesto, debe escribirse también con mayúscula inicial: La Paz.
Lo único que puede dar lugar a duda es el caso en que se antepone al nombre del país una denominación como república, reino, etc., ya sea por tratarse de uno de sus nombres corrientes (República Checa, República Dominicana, Reino Unido), ya sea porque se desee utilizar el nombre oficial por el motivo que sea: República Argentina, Reino de España, República Federal de Alemania, Estados Unidos Mexicanos, Confederación Suiza, Gran Ducado de Luxemburgo, Principado de Andorra.
Regla: Cuando los nombre de continentes, países o ciudades son pluriverbales, incluyen en su denominación un sustantivo genérico de carácter geográfico: Cabo Verde> (país), Ciudad del Cabo (país), Islas Cook (país), Países Bajos (país), Mar del Plata ciudad). En estos casos, el sustantivo genérico debe escribirse con mayúscula inicial, a diferencia de aquellos otros en los que funciona como un mero organizador, que debe escribirse con minúscula por no formar parte del nombre propio: la ciudad de Panamá, el país de Gales.
Regla: Se escriben con mayúscula inicial los sustantivos y adjetivos que componen las denominaciones de las federaciones integradas por varios Estados independientes: Unión Europea, Federación Rusa.
Regla: Se escriben con mayúscula inicial los sustantivos y adjetivos que forman parte de las denominaciones de carácter antonomástico que presentan, como alternativa estilística, algunos topónimos: la Ciudad Eterna(Roma), el Nuevo Mundo (América), la Reina del Plata (Buenos Aires). Del mismo modo se comportan las denominaciones abreviadas o las aternativas de carácter coloquial: los Madriles (por Madrid), Barna (por Barcelona), Chaga (por Santiago de Chile).
Regla: Se escriben con mayúscula los nombres que han recibido algunas naciones en ciertos periodos de su historia: la Sublime Puerta (Turquía, en tiempos de los sultanes).
Mi blog es el blog de un pirao, (y mas o menos). Contiene de todo y de todas las cosas, y sobre todo aquellas cosas que para mi, son interesantes, lo que quiere decir que para tí posiblemente no lo sean. Estas avisado :-)
2018-08-28
2018-05-20
Ser español
La joven malagueña Laura Moreno, estudiante de Bioquímica, se ha convertido en todo un fenómeno viral después de que una reflexión suya sobre "ser español" haya sido compartida más de 300.000 veces en la red social Fabebook y haya recibido casi 40.000 comentarios.
Lo curioso, para los estudiosos de las redes sociales, es que la malagueña apenas tenía 400 amigos en Facebook, pero su reflexión, en pleno proceso secesionista, se ha convertido en todo un fenómeno en las redes sociales
Ser español no es llevar la bandera, ni gritar como un berraco frases de odio que espero que no sientas. Tampoco lo es ponerse una pulserita en la muñeca, ni cantar el cara al sol. El concepto de ser español es algo totalmente distinto, o al menos lo debería ser, porque a estas alturas de la historia yo ya no sé qué decirte.
Como española que soy, te voy a contar lo que para mí es ser español:
Ser español es arder cuando arde Doñana o temblar cuando tembló Lorca; es sentarte a escuchar historias de meigas en Galicia y llegar a creértelas; es ir a Valencia y no sentir rabia por leer un cartel en valenciano, sino que te agrade poder llegar a entenderlo y es presumir de que las Canarias nada tienen que envidiarle al Caribe.
Sentirse español es sufrir por no haber podido vivir la movida madrileña, enamorarte del mar al oír Mediterráneo de Serrat, es pedirle borracha a tu amiga catalana que te enseñe a bailar sardanas, querer ir a Albacete para comprobar si su feria es mejor que la de Málaga y sorprenderte al ver lo bonita que es Ceuta.
Para mí ser español es presumir de que en Andalucía tenemos playa, nieve y desierto; sentir casi mérito mío que un alicantino esté tan cerca de un Nobel, pedirle a un asturiano que me enseñe a escanciar la sidra y morirme de amor viendo las playas del País Vasco en Juego de Tronos.
También es española la cervecita de las 13.00, el orujo gallego, la siesta, el calimotxo, la paella, la tarta de Santiago, las croquetas de tu abuela y la tortilla de patatas. Lo son las ganas de mostrarle lo mejor de tu ciudad al que viene de fuera y que tú le preguntes por la suya; es hacerte amiga de un vasco y pedirle que te enseñe los números en euskera, por si pronto vuelves a por 2 ó 3 pintxos; es enorgullecerte de ser el país ejemplo a nivel mundial en trasplantes, de formar parte de la tierra de las mil culturas y de ser los del buen humor.
No hay nada más español que se te pongan los vellos de punta con una saeta o con una copla bien cantá, atardecer en las playas de Cádiz, descubrir casi sin querer calas paradisiacas en Mallorca, hacer el camino de Santiago en septiembre maldiciendo el frío o que Salamanca y Segovia te enseñen que no hay que ser grande para ser preciosa.
Así que, acho, picha, miarma, perla, tronco, tete, mi niño… eso es ser español, lo otro es política. Pero si de política quieres impregnar este concepto, también te vuelvo a decir que te equivocas: porque ser español no es desear que le partan la cara a nadie, es sufrir la situación de paro de tu vecino o el desahucio que has visto en la tele; ser español no es oprimir el SÍ o el NO de toda una comunidad autónoma, es indignarte cuando nos llaman gilipollas con cada nuevo caso de corrupción; ser un buen español es querer que en tu país no haya pobreza, ni incultura, ni enfermos atendidos en pasillos del hospital y, joder, querer quedarte aquí para trabajar y aportar todo lo que, durante tanto tiempo, precisamente aquí has aprendido.
Eso es ser español, o al menos, eso espero.
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Lo curioso, para los estudiosos de las redes sociales, es que la malagueña apenas tenía 400 amigos en Facebook, pero su reflexión, en pleno proceso secesionista, se ha convertido en todo un fenómeno en las redes sociales
Ser español no es llevar la bandera, ni gritar como un berraco frases de odio que espero que no sientas. Tampoco lo es ponerse una pulserita en la muñeca, ni cantar el cara al sol. El concepto de ser español es algo totalmente distinto, o al menos lo debería ser, porque a estas alturas de la historia yo ya no sé qué decirte.
Como española que soy, te voy a contar lo que para mí es ser español:
Ser español es arder cuando arde Doñana o temblar cuando tembló Lorca; es sentarte a escuchar historias de meigas en Galicia y llegar a creértelas; es ir a Valencia y no sentir rabia por leer un cartel en valenciano, sino que te agrade poder llegar a entenderlo y es presumir de que las Canarias nada tienen que envidiarle al Caribe.
Sentirse español es sufrir por no haber podido vivir la movida madrileña, enamorarte del mar al oír Mediterráneo de Serrat, es pedirle borracha a tu amiga catalana que te enseñe a bailar sardanas, querer ir a Albacete para comprobar si su feria es mejor que la de Málaga y sorprenderte al ver lo bonita que es Ceuta.
Para mí ser español es presumir de que en Andalucía tenemos playa, nieve y desierto; sentir casi mérito mío que un alicantino esté tan cerca de un Nobel, pedirle a un asturiano que me enseñe a escanciar la sidra y morirme de amor viendo las playas del País Vasco en Juego de Tronos.
También es española la cervecita de las 13.00, el orujo gallego, la siesta, el calimotxo, la paella, la tarta de Santiago, las croquetas de tu abuela y la tortilla de patatas. Lo son las ganas de mostrarle lo mejor de tu ciudad al que viene de fuera y que tú le preguntes por la suya; es hacerte amiga de un vasco y pedirle que te enseñe los números en euskera, por si pronto vuelves a por 2 ó 3 pintxos; es enorgullecerte de ser el país ejemplo a nivel mundial en trasplantes, de formar parte de la tierra de las mil culturas y de ser los del buen humor.
No hay nada más español que se te pongan los vellos de punta con una saeta o con una copla bien cantá, atardecer en las playas de Cádiz, descubrir casi sin querer calas paradisiacas en Mallorca, hacer el camino de Santiago en septiembre maldiciendo el frío o que Salamanca y Segovia te enseñen que no hay que ser grande para ser preciosa.
Así que, acho, picha, miarma, perla, tronco, tete, mi niño… eso es ser español, lo otro es política. Pero si de política quieres impregnar este concepto, también te vuelvo a decir que te equivocas: porque ser español no es desear que le partan la cara a nadie, es sufrir la situación de paro de tu vecino o el desahucio que has visto en la tele; ser español no es oprimir el SÍ o el NO de toda una comunidad autónoma, es indignarte cuando nos llaman gilipollas con cada nuevo caso de corrupción; ser un buen español es querer que en tu país no haya pobreza, ni incultura, ni enfermos atendidos en pasillos del hospital y, joder, querer quedarte aquí para trabajar y aportar todo lo que, durante tanto tiempo, precisamente aquí has aprendido.
Eso es ser español, o al menos, eso espero.
Publicado por:
Laura Moreno de Lara
https://www.facebook.com/laura.morenodelara/posts/12901249077606712018-04-15
2018-04-08
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